Amo, desde los marinos gritos de Asia manifiesto que las palabras se me quiebran en las manos. Que las letras suyas parecen ahora retorcerse por haber bebido tanta cafeina. No negaré que se los advertí, pero ellas ya no me hacen caso. Gustan de romperse en pedazitos mientras mi cabeza se llena de ideas. Ideas chiquitas, valientes y una que otra delirante.
Veni veni amor mío que se me pierden las ganas de hablar. Se hacen espuma mis labios y cada lágrima engorda el río, mis intensiones de despertarte por la mañana humeda y darte un beso bajo el agua y deborarte de una vez para siempre.
Conocí un duende que no me mira pero soplando dice mi nombre. Le regalaré fresas y cocinaré tartas, a lo mejor se apiada de mi locura y a cambio me de estrellas para ya no llorar. Te
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